Creo que como yo , los padres sentimos la responsabilidad de darle la mayor cantidad de información útil a nuestros hijos. Útil para mí significa ese conocimiento que usas en tu día a día y que a medida que te haces grande está en diferentes niveles pero permanece.

Mi abuela decía: es importante saber comportarse en una mesa o comer con el cubierto que corresponde y, claro, más importante que eso es saber cocinar, el que lo sabe hacer lo sabe mandar. Por otro lado, mi padre pensaba que lo mejor era desarrollar el hábito de leer a diario. “Si lees jamás estarás fuera de ninguna conversación, relacionarse es un buen camino para conseguir lo que sueñas”, decía.

Existen incontables cosas que se aprenden en casa, con práctica y con la paciencia que solo papá y mamá pueden tener con un niño entre 7 y 15 años que olvida todo lo que se le dice en más o menos 10 segundos. Para mi, una de las cosas vitales que debes aprender desde chico es inteligencia financiera, pero no es nada sencillo comunicarse con los pequeños. Fue así como empecé a desarrollar juegos y herramientas para que mi hija que en ese entonces tenia 8 años, comprendiera que podía tomar pequeñas decisiones, ayudar y sobre todo aportar en el cómo conseguir esos juguetes o esos colores que tanto quería. El resultado: una cuenta de ahorros con saldo, una caja menor que maneja bajo unos límites que hemos negociado juntas, el celular que compró cuando tenía 10 años a su gusto, buenas notas en el colegio y un cuaderno con varias hojas de reflexiones que ella misma escribió a medida que el proceso se daba.

Hoy es una niña consciente a la hora de gastar sus ahorros, feliz cuando me presta de su caja menor algún dinero, eso si no olvida nunca recordarme la deuda y con  ganas de compartir en alguno de mis talleres su testimonio con otros niños, “si yo pude ellos pueden mami”, dice.

¡Esperemos no me cobre por ello!

 

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